Cómo poner límites a los niños de forma respetuosa, firme y con cariño

poner límites a los niños

Poner límites a los niños es muy beneficioso para ellos. Nos necesitan a modo de guía y nosotros debemos estar ahí para ellos.

Muchas veces se confunde el poner límites con una actitud autoritaria porque la existencia de límites no está reñida con el amor que siente a tu hijo, precisamente por eso, por lo que le quieres debes de procurarle un “NO” cuando es necesario.

Hay momentos en que es fácil tratar con nuestros hijos, pero otros nos ponen a prueba jejejej

Tenemos que buscar en el baúl de nuestros recursos y de ahí la importancia de estar bien informado y, a poder ser, formado.

Precisamente en esos momentos en que ellos no tienen una buena gestión de sus emociones y se sienten “secuestrados emocionalmente” es cuando más nos necesitan estables a nosotros.

Si en ese momento crítico nosotros perdemos el control, ellos pierden su guía, y es justo ahí cuando una buena intervención por nuestra parte marca la diferencia en la relación con nuestro hijo.

No tengáis miedo a poner límites, esto no frenará la capacidad de aprendizaje de los niños, sino que les ayudará a comprender el mundo que les rodea y mejorará su manera de relacionarse con los demás.

Una vez comprendida la importancia de poner límites a los niños incluso desde los primeros meses de vida, hay que detenerse en pensar cuál es la mejor manera de hacerlo. Ya que tomar un camino inadecuado en este sentido puede llegar a ser contraproducente. Empecemos con aquello que no hay que hacer.

Errores a evitar al poner límites a los niños

En primer lugar, debe existir una coordinación absoluta entre las personas que forman parte de la vida del pequeño, compartir esta visión es fundamental, o por lo menos respetar la línea educativa que los padres eligen. Por extensión, también es determinante la elección de la escuela Infantil donde llevar a tu hijo, ya que la forma en que ellos pongan límites a tu hijo en la escuela marcará su desarrollo emocional.  Tomar caminos opuestos en este sentido es un error muy común que puede llevar a confundir al niño y diluir esos límites. En este caso la solución es sencilla: basta con una comunicación continua y fluida entre los familiares y también la escuela infantil.

Otra práctica a evitar es poner demasiados. El exceso de límites puede llegar a ser tan perjudicial como olvidarse de ellos. Hay que tener en cuenta se trata de establecer una guía, no de controlar todos los comportamientos del niño. Lo más recomendable es optar por poner pocos límites sencillos que el peque sea capaz de gestionar, comprender y recordar.

Y por supuesto, hay que mencionar al socorrido “No”. Establecer unos límites no puede basarse en decir constantemente qué es aquello que no se debe hacer, sino que hay que tratar de hacer comprender al niño por qué es importante seguir ciertos comportamientos. Y es aquí donde entra en juego la disciplina positiva.

La disciplina positiva como herramienta para poner límites

La disciplina positiva se podría definir como una metodología educativa basada en el respeto, la confianza, la comprensión y el amor para relacionarse con los niños, atender sus necesidades y guiarles en su desarrollo desde la empatía. La firmeza, el respeto y el amor son los principios de la disciplina positiva y aquellos en los que debemos basarnos a la hora de poner límites a los más pequeños.

Poner límites con respeto empieza por hacer partícipe al niño de las normas que se van a establecer. El peque va a sentir que forma parte del “juego” y que su opinión es importante, lo que hará que le dé más importancia a sus obligaciones y se sentirá más responsable.

Pero respetar las opiniones del niño y hacerle partícipe no significa de ningún modo dejarle llevar las riendas. Debe existir cierto nivel de autoridad por parte del adulto, especialmente cuando se trata de normas que pueden afectar a su seguridad o su relación con los demás. La firmeza debe estar presente a la hora de establecer límites. Si no hay una actitud firme, restará valor al cumplimiento de las normas.

Todo esto no está reñido en absoluto con tomar una actitud cariñosa con el peque. Como ya hemos apuntado, es recomendable retirar el “No” del vocabulario y optar por explicar por qué es mejor realizar determinadas acciones de otro modo. Mientras que si nos referimos a niños más pequeños, lo mejor es tratar de llamar su atención de otra manera utilizando expresiones amables y cariñosas que no le provoquen rechazo.

¿Y qué pasa cuando se traspasan esos límites? Hay que ser firmes, es decir, no dejarlo pasar. Hay que ser respetuosos, tomando la actitud de sustituir regañinas y castigos por una conversación tranquila en la que el niño pueda expresarse y se muestre receptivo a comprender por qué tuvo un comportamiento inadecuado. Y por supuesto, hay que ser cariñoso, porque sólo desde la amabilidad podrá aceptar y seguir los límites de una manera sana y beneficiosa para su desarrollo.

¿Cómo aplicar límites de forma respetuosa?

En primer lugar y muy importante, dándoles ejemplo con nuestros actos, somos su “todo” y ellos van a ser reflejo de nuestro comportamiento. Por ello, si queremos por ejemplo que nuestro hijo sea bondadoso, comparta y no sea agresivo, primero debemos pensar en cómo reaccionamos nosotros en nuestro día a día. Tal vez no somos capaces de empatizar con el vecino, vamos en el coche soltando tacos a la mínima, o  nos cuesta dejar de mirarnos nuestro ombligo …

A la hora de poner límites, hay una visión un tanto confusa con que eso corresponde a un modelo autoritario y estricto. No nos confundamos, los límites son necesarios, pero eso no implica que tengamos que perder las formas con nuestros hijos. A nadie le gusta que le impongan por la fuerza algo, y mucho menos si las formas no son adecuadas. Duele ver que las personas que más quieres te traten mal.  Y por esta razón si el niño está desbordado lo que menos necesita es que le  griten o incluso te lleguen a pegar un azote en un momento dado o simplemente te ignoren porque lo único que buscas es “llamar la atención” como mucha gente piensa equivocadamente.

Un niño que se encuentra en mitad de una “rabieta” lo que necesita es cariño y comprensión. Nosotros podemos aportárselo desde la calma, muy importante, es muy necesario que nosotros estemos tranquilos. En ese instante sólo importáis tu hijo y tú, meteos en una burbuja y que nadie ni nada os afecte. Las opiniones, las miradas, nada debe importar… y si la situación externa lo complica, coge a tu hijo y sácale de donde estéis para que podáis estar juntos y presentes ambos. Nada más tiene importancia en ese momento.

Por otro lado, cada niño es diferente y cada uno de nosotros sabemos mejor que nadie lo que necesita nuestro hijo en un momento de secuestro emocional. Unos necesitan un abrazo, otros que les demos su espacio, otros que les ayudemos a tranquilizarse… pero con pocas palabras, ya que no disponen de la escucha necesaria en ese momento.

Una vez que ya están calmados ya podemos explicarles el porqué de nuestra decisión. Debemos ser firmes, no abandonar nuestra posición en el proceso, pero hacerlo siempre, siempre desde el cariño y el respeto.

Si tienes dificultades a la hora de poner límites a tus hijos, no dudes en pedir los consejos que necesites al equipo de educadores infantiles de Locos Bajitos. Desde nuestra escuela estamos a disposición de las familias para ayudarles en la educación de los peques desde sus primeros días.

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